Victoriano Santana, un quijote en el aula

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Cuando en el capítulo VI de Don Quijote de la Mancha el cura y el barbero realizan <<el donoso y grande escrutinio en la librería de nuestro ingenioso hidalgo>>, tropiezan con una novela pastoril, Primera parte de las ninfas y pastores de Henares (Alcalá, 1587), “compuesta por Bernardo González de Bobadilla, estudiante en la insigne Universidad de Salamanca”.  Fue condenada al fuego como la mayor parte de las que guarda el hidalgo de los de lanza en astillero, y diéronse prisa porque acaso intuyeron que un joven canario de Telde, mi admirado Victoriano Santana Sanjurjo, habría iniciado las pesquisas sobre el autor si hubiera nacido por aquellos años.

Hubo de esperar cuatro siglos para  quedar enganchado con el prólogo de aquella novela en el cual está escrito que su autor es “natural de las nombradas islas de Canaria”.  Y como Victoriano es de los científicos que trabajan con rigor, razonada prudencia e investigación coherente, hete aquí que revuelve legajos, expedientes y libros de matrícula en la Universidad salmantina y en la Universidad de Alcalá pues sospecha que don Bernardo debió de ser estudiante en las materias de Leyes. Tras años de investigación, cuatro, el capítulo I.6 de Análisis paratextual de la obra desvela los resultados de sus pesquisas.

Primer plano de Santana Sanjurjo en su biblioteca

Victoriano Santana Sanjurjo

Porque Victoriano –miembro de esa impactante generación de canarios nacidos en la década de los setenta (¡aunque del milenio pasado!)- inició sus conocimientos literarios siempre, siempre, en bibliotecas, lecturas, en soledades imprescindibles para sentirse llevado por las maravillas y genialidades de grandes autores. Y ya desde la precocidad veinteañera se había empapado de los clásicos (no solo de los que se estudian en clase) griegos y romanos, medievales, renacentistas y barrocos, ilustrados, románticos, generacionales componentes en el siglo XX o generaciones por sí mismos (Juan Ramón Jiménez),  sin dejar al albur un título de quienes impactaron con el boom de la hispanoamericana. Y como elemento definidor de un sabio especializado, Cervantes, don Miguel.

Victoriano Santana –va por su tercer café y su enésimo mentolado canario- nació a la escritura con artículos periodísticos y ponencias para Congresos llevado por la mano sana de quien escribió a los cincuenta y ocho años ¡del siglo XVII! “la obra de cabecera de la humanidad”. Y esa fue la causa de por qué fue a buscar la razón (¡Victoriano siempre tras el discernimiento universal!)  de que surgiera El Quijote,  cuando lo cierto es que Cervantes amaba la milicia, ansiaba ser capitán e, incluso, adelantado en las tierras americanas.

En esta vocación investigadora, meticulosa, ordenada, paciente y de sabiduría hay una gran parte del propio ser de Victoriano, confirmación que ratifico en cuanto que hace años de nuestra amistad (lo que me permite aprender para la investigación): es un hombre modesto y sencillo en su justa capacidad y prudente limitación puesto que puede comparar con lo que hay a su alrededor.

Y sé que es así porque conozco su nada jactanciosa obra, ambiciosa, rigurosamente científica, aunque hoy esté más entregado al aula: perdió la Universidad a un extraordinario profesor; ganaron los alumnos de Programas de Cualificación -la antigua Garantía Social- a un docente de comportamientos sociales y morales, quizás un orientador escrupuloso y muy respetado por aquellos discentes que ven en él a un adulto, sí; pero que les presta atención, interés, les pregunta por cómo se encuentran, los invita al diálogo sereno y pausado, a la concienciación social.

El aula, incluso por encima de la investigación, es la vocación primera de Victoriano. Doctor en Literatura con Premio Extraordinario, ejerció la palabra en recintos universitarios a la par que se multiplicaban sus publicaciones. Hoy profesa en un instituto de pueblo. O lo que es lo mismo, inició su carrera profesional entre alumnos universitarios y ahora se recrea con aquellos discentes que más lo necesitan, porque es seguro que de sus alumnos no saldrán ingenieros aeronáuticos o magistrados de los tribunales. Hoy se siente a gusto con Lecturas civiles (uno más de sus títulos) porque quiere llevarles fragmentos de los Derechos del Hombre, de la Carta de Naciones Unidas, de la Constitución Española, de los Derechos del Niño, a quienes llenan sus aulas, por más que a veces le impacten reacciones de algún que otro joven, víctimas de una sociedad que ha sabido vaciar de razonamientos y sensibilidades su propio pensamiento.

Portada de El Quijote Tuneado(Ahora detiene su carrerilla emocional: está en la situación dramática de aquel momento, cuando uno de ellos le dijo hace un par de años que la desequilibrada situación social tiene fácil arreglo: <<la violencia es la solución>>. Algunos son gentes de gimnasios, de musculitos y pectorales, amantes de las artes marciales para atacar…, la razón de la sinrazón que mi razón se hace… ¿¡Qué les importará a ellos el valor del pretérito imperfecto de subjuntivo!?)

Es Victoriano un joven cuarentón de cuya contextura de compromiso ético, cultural y de concienciación social doy fe, insisto, al paso de los años. Muy convencido está de su función como profesor, docente vocacional como pocos que he conocido, para quien lo más importante es educar en las limitaciones a la libertad absoluta que reclaman sus alumnos. Más: si consiguiera hacerles entrar en el sentido común –para muchos, el menos racional de los sentidos-, nada le importarían las normas ortográficas a un doctor en Literatura escrupuloso en el estilo, maestro en la expresión, sabio en la investigación universitaria.

El reloj nuestro en nuestra charla -¡cuántas van!- se detuvo desde el primer minuto. Lo pararon las palabras, las razones, los nobles sentimientos de este tempranamente madurado colega que no aspira a impartir Lengua y Literatura en segundo de Bachillerato, como mal menor.  Él, por el momento, elige a sus alumnos de Programas de Cualificación, aquellos que no serán ingenieros. Pero son personas que necesitan de profesores humanistas y humanizados como Victoriano Santana, uno de mis mejores maestros, lo juro.

Foto destacada por Viviendo Madrid: Ver el original.

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Categoría: Gran Canaria, Literatura, Nicolás Guerra Aguiar, Opinión

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