El discreto encanto de los objetos

XXI es una muestra con visos de retrospectiva que selecciona una extensísima parte de la obra ejecutada por Chema Madoz en los primeros años del siglo que da nombre a la exposición. Este análisis en perspectiva se debe precisamente a la cantidad de obra presente que permite identificación clara de una serie de poéticas perennes en la obra del creador madrileño.

La distorsión entre el significante y significado de los objetos es el motor de todo el quehacer artístico de Madoz. Su ejecución es variable, tanto a través de coincidencias formales y geométricas, como por libre asociación de conceptos y por lo que, a juicio de autor, tienen de absurdo ciertas funciones predeterminadas de los mismos. Del mismo modo que los términos que se manejan son sencillos y elementales, su fotografía expresa esta simplicidad. Se describen superficies puristas, con el encuadre perfecto para producir el efecto deseado y la luz justa para que la sombra intuida se haga presente como parte de la obra.

Madoz gusta de lo cambiante, de la curiosa vida de los objetos, de su devenir final o de las posibilidades que este presentó, presenta y presentará con el uso y el desuso. Las nubes, la arena, los guijarros, los libros…Elementos móviles que se pliegan a una estética que bebe de los postulados surrealistas del Ceci n’est pas une pipe de Magritte y de la poesía visual de Joan Brossa, del disloque elemental de Marcel Duchamp y la nada de Dadá.

En las instantáneas se crea un territorio yermo para la interpretación. Esta fluye en el territorio de la simpatía extrema por el reconocimiento inmediato de las asociaciones que el autor pretende, caso de un ajedrez de blancas y negras; lo divertido de un polluelo tratando de romper desde afuera su propio cascarón, o la sorpresa de un palo de billar convertido en rifle de francotirador. Todo es posible y en ello reside el carácter de la rima de Madoz.

Las propias fotografías van tomando un cierto ritmo conforme los elementos son identificados y la exposición va cerrando pequeños capítulos marcados por signos de puntuación. Estos ̶ las notas musicales, el ajedrez y sus tableros y la literatura, en soporte y palabra ̶ van quedando sujetos a la dicotomía constitución/trangresión.

Cierto es, y esto no debe obviarse, que lo mastodóntico de la superficie ocupada por la obra en el Espacio Cultural Cajacanarias puede llevar a una percepción anecdótica de la obra, la cual hace obviar la poética de la misma. El discurso comisarial y sus acentos son correctos, pero inevitablemente termina surgiendo la más que repetitiva disyuntiva entre calidad y cantidad.

Tata Naombe

“Dos de las obras expuestas / Chema Madoz”

Chema Madoz. XXI.

Espacio Cultural CajaCanarias. Santa Cruz de Tenerife. Hasta el 28 de mayo.

Comisario: Borja Casani

Entidades colaboradoras: Espacios para el arte contemporáneo-Comunidad de Madrid, diChroma Photography, Promoción del Arte- Ministerio de Educación Cultura y Deportes

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Categoría: Artes Visuales, Espacios Culturales, Kumar Kishinchand López, Opinión, Tenerife

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