Fito 4º

pranaAntonio de Prana nos cuenta cosas nuevas de Fito. Él lo conoció personalmente cuanto Fito ya no tocaba, durante una actuación de Prana en la discoteca Borsalino. Había oído muchas cosas de él y le había visto tocando. Fito se dirigió a él y le dijo algo así como que no se les subiera el pavo, que no habían llegado todavía arriba y que aquello no era nada fácil. Antonio se quedó un poco desconcertado. Sobre las bandas en la que militó está un poco confuso:

“Creo que Fito se enroló en una banda de Moya llamada The Stuandrags (nadie me sabe decir cómo se escribe, transcribo onomatopéyicamente), podía ser el año 65 ó 66. Ya había tocado en Schamann con su primera formación, Los Fleestones. Luego, The Stuandrags pasaron a llamarse, con algunos cambios, Uaca (?), ya sin Fito. Prana todavía no existía, mis hermanos y yo conocíamos los días de ensayo y nos acercaban a la finca en la que ensayaba el grupo para oírlos desde fuera. Era como una experiencia mística. Estaban impregnados del movimiento psicodélico y el hippismo; tanto su música como su vida eran fiel reflejo de ello. Se rumorea –continúa Antonio- que se fueron a montar una comuna a La Palma y luego viajaron al Festival de la Isla de Wigth. Allí pudo estar Fito, y se supone que los músicos, las superestrellas del festival, hacían una especie de talleres con gente del público o medio músicos, y allí estuvo también Fito”.

Esta historia le llega a Antonio a través de Arturo, el batería de los Stuandrags (grupo con el que supuestamente viajó Fito). En realidad este viaje parece descartado por completo, y no es sino una de las leyendas que se han forjado en torno a la figura de Fito.

Antonio habla de la personalidad intimista, tímida, retraída, introvertida, un tanto oscura, de este guitarrista que considera el Hendrix local. Su forma de ser le lleva a preguntarse si debido a ello no fue capaz Fito de formar o pertenecer a una banda de rock concreta.

“Le costaba integrarse –continua Antonio-, relacionarse y mantener una banda o pertenecer a ella, ya que esto requiere unos mínimos de colaboración, relación y organización que quizás no entraban en la forma de ser de Fito. Era una persona que iba por libre. No sé si él lo deseaba así o no tenía el temple y la disciplina de ensayos que supone mantener un grupo. No es sólo subirte a un escenario y hacer una música genial, sino que eso hay que compartirlo con otros. Llega un momento en el que Fito tocaba con todo aquel que le dejara tocar con él: en el cine Guanarteme, el Avellaneda, el Cuyás… Estaba a remolque de este tipo de conciertos con grupos más o menos grandes como United.”

Antonio recuerda también el local de ensayo más famoso de aquellos años: “El Tagor era el local de Escaleritas por donde pasaba todo aquel que viviera la nueva música que llegaba, el nuevo movimiento, la nueva religión. Allí se iba a descargar, a expresar tus emociones a través de la guitarra u otro instrumento, a improvisar. Uno llevaba la batería, otros ponían los amplis, y todo era un entrar y salir de gente, donde tocabas con muchos músicos distintos. Llegabas y te enchufabas”.

Escaleritas tiene mucho que decir en el rock capitalino. De allí era Teddy Bautista, Antonio, y Fito, en parte, pues él solía decir que estaba a medio camino entre Escaleritas y Schamann. “Era un local sin buena acústica ni un escenario al uso –recuerda Antonio-; era un salón en el cual había una especie de escenario pequeño, como una tarima. Se convirtió en un club de improvisación. Apenas había bandas formadas, se trataba de grupos de personas que se reunían a improvisar sobre temas famosos en esos momentos”.

Antonio desconoce el modus vivendi de Fito, se supone que sobrevivía del entorno familiar y algunas cosillas que hacía dentro del mundillo musical. “Era un personaje al que yo veía fuera de lugar, un místico, un ermitaño. Nunca tenía un duro, sin menospreciar a nadie por ello, pero en el aspecto económico estaba muy limitado”.

Antonio comenta que Fito “hacía plagios que mejoraban el original”. Y eso lo hacía con temas de las bandas del  momento. Hacía Deep Purple clavando la guitarra de Richie Blackmore y añadiéndole su toque personal, lo mismo The Doors que Hendrix o Pink Floyd. Le pegaba a todo, pero Fito era sobre todo un psicodélico educado como casi todos los guitarristas en el blues y también en el r&b: “Y eso se dejaba notar cuando improvisaba” –continua Antonio.

“En sus últimos momentos estaba esquelético, se le veía muy enfermo y débil, había dejado de tocar hacía ya mucho tiempo. Yo creo que murió de cirrosis; otros dicen que a lo mejor de cáncer, de una sobredosis… Lo que es cierto es que Fito bebía todo lo que caía en sus manos. La última vez que hablé con él fue en una bolera en Escaleritas. Estaba muy mal y desencantado de la vida”. (De nuevo vuelven los fantasmas y se junta realidad con leyenda del personaje. Fito murió de tuberculosis).

“Fito había construido un mundo hecho de música, para él vivió y por él murió”, concluye Antonio.

VICENTE MARTÍN ABREU

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