Pasión por la piel, de Lilian Campo

El cuerpo expresa siempre el espíritu del que es envoltura.

Recuerdo que, cuando yo estudiaba Bachiller, mis amigos y yo mirábamos los desnudos de mujeres, “La maja desnuda”, las Venus o las Ledas. Observábamos las representaciones idealizadas de desnudos masculinos, que aparecían en los libros de dibujo, a escondidas, porque temíamos que las llamas del infierno nos alcanzara. La moral y el pudor unido a la herencia judia del Cristianismo hizo estragos en estos temas, por lo que muchos de los artistas plásticos tuvieron que manejar un repertorio de símbolos, mitos y alegorías para plasmar el cuerpo, la desnudez y el sexo.

Pero los tiempos han cambiado y hoy podemos contemplar en cualquier Museo o Galería de arte los dominios de la atracción: criaturas deseosas, escenas orgiásticas, la exaltación del desnudo con total libertad.

Foto pasion-por-la-piel-lilian-campoComo la pintura de Lilian Campo, una obra de tendencia hiperrrealista que habita en el reino del erotismo, que explora en cuerpos masculinos llenos de poder, de resistencia. En cuerpos femeninos provocadores: metáforas de la realidad que la artista modela con las tonalidades de la tierra y del mar. Y que se presentará el próximo viernes, día 16 en el Hotel AxelBeach de Avda Tirajana, Playa del Inglés, gracias a su directora Cristina Cañas y al curador-comisario Diego Casimiro.

Presentamos cuerpos que cohabitan en la cercanía, en la proximidad de los amantes, quizás de un beso a punto de llegar o del abrazo. Una composición que recuerda la técnica de Rodin y que ella resuelve con la fuerza del deseo, la intimidad afectiva de la carne. La carne que renace, el movimiento que semeja el estado de goce. El despertar del cuerpo con el “otro”, como los encuentros de dos figuras desnudas en un primer plano ante un fondo neutro que permite resaltar tanto la belleza como el éxtasis, la belleza vibrante y sensual. La presencia, la cercanía, el gesto de la pasión.

La figura sobrenatural como en “Ángel en azul” y la carnal que se retuerce en el momento del arrebato. La sensualidad de cabelleras ondulantes, las formas de manos y pies que sobreviven sin pertenecer a ningún cuerpo. De cuerpos que transmiten movimiento que se nos acercan y alejan, que parecen navegar entre la luz y el viento, la emoción y la provocación.

Aunque en sus comienzos los trabajos de Lilian Campo son en carboncillo, sanguina y pastel, ahora se decanta por la técnica del óleo sobre lienzo, por unos trazados, que como ella dice, acompaña de “chorretones” para romper con la rutina. Una pintura que posee la magia misteriosa del cuerpo, de presencias expuestas a curvas, de hombres escultóricos y mujeres sensuales atrapadas en una pasión irrefrenable. Los misterios del deseo. Desnudos que ejecutan posturas de regocijo, la percepción del amor donde coexiste la ternura y la belleza, donde el acto de mirar equivale a un encuentro.

Nos encontramos con cuerpos que se alejan de aquella tradición que concebía al ser puro y virginal. Nos encontramos ante una pintora que como decía Paul Auster en Sunset Park: Quiere que sus cuerpos humanos transmitan la extraña milagrosa sensación de estar vivos.

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Categoría: Artes Visuales, Gran Canaria, Opinión, Rosario Valcárcel

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