Los Neverwets

| 28/08/2016 | 0 Comentarios
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los neverwets

En el País de la Charca, convivían más o menos plácidamente todos los animales; unos mejor que otros, es cierto, pero eso ocurre en todas las charcas.

Desde que el agua quedó estancada en una época remota de lluvias torrenciales, ha existido de manera permanente un cierto hedor que hacía cuestionar su calidad entre los habitantes de la Charca. Por eso, desde que se conoce la existencia de la Charca, han existido ciertas desavenencias entre los pobladores de la ciénaga relacionadas con la calidad del agua y las preferencias para disfrutar de ciertos baños.

Compartían gustos y motivaciones similares, por cuestiones azarosas de la vida, personajes como Estatua-Erial, Farol-Sofista, Gallina-Fétida, Gaviota-Autista y Gnomo. Además, como no podía ser de otra manera, les acompañaban un sinfín de vecinos anónimos sin relevancia en la prensa local que cada mañana publicaba Búho-Tyrannus, una gran autoridad en la comunidad, tan respetada como temida, pues tenía el poder de la información.

Un día, no se sabe qué fue el detonante ni el culpable de semejante alboroto, los animales que nada tenían que ver con los gustos de este selecto grupo, denominado Puño de Acero, comenzaron a cuestionar públicamente la salubridad del agua. Encargaron un análisis para determinar la pureza o posible contaminación de la misma, así como debatir el tiempo de los baños y la manera en que todos debían, por derecho, disfrutar del beneficio del líquido elemento.

Esta inquietud popular se interpretó, por parte del grupo Puño de Acero, como una intolerable intromisión, pues, desde que oficialmente se declaró la Charca como país, fueron ellos los que establecieron las pautas de comportamiento en el territorio, ellos decidieron cómo se podía disfrutar del baño, la periodicidad del mismo e, incluso, decidían qué animales eran dignos de participar en estos baños cortesanos. Según ellos, no todos los animales eran dignos de recibir el agua divina de la Charca, cada vez más pestilente.

Este grupo subversivo intentó organizarse. Convocaron reuniones y asambleas; convencieron al jovial y apuesto colibrí para crear una nueva prensa local alternativa a la de Búho-Tyrannus; y hasta diseñaron un nuevo plan de uso de la Charca que atendía a todos y cada uno de los animales sin excepción. Solo tenían que cumplir un requisito: debían querer mojarse.

El grupo Puño de Acero, asesorado por el animal gacetillero, utilizó todos los medios posibles para menospreciar a este grupo emergente. Utilizaban una gran variedad de apelativos para desprestigiarlos, como el de insensatos, desalmados o cualquier adjetivación que pudiese afearlos, con en el fin de desgastarlos y echar abajo sus intenciones de limpieza, renovación y democratización de la Charca. Las ignominias a cada uno de los integrantes de este grupo, que ellos acusaban de criminales, se sucedieron a diario.

Pero a pesar del acoso al que los sometieron, ellos, los subversivos, siguieron adelante con su empeño. Y se sumaron a la campaña más y más animales que también creían en la necesidad de un cambio urgente para poder disfrutar de la Charca en igualdad de condiciones, acorde a las necesidades y posibilidades de cada uno. Lógicamente, pensaban que no todos los animales podían nadar en cualquier parte de la Charca, dado que los tamaños y las destrezas acuáticas eran dispares. Aun así, se fueron añadiendo a las reivindicaciones uno a uno, hasta que llegó el turno de los neverwets, que alegaban y defendían, por cuestiones de salud y conciencia, la imposibilidad de mojarse ni un pelo.

Aquello parecía bastante absurdo y los integrantes del equipo gestor de las demandas para un nuevo planteamiento de la Charca discutieron acaloradamente hasta el amanecer. Algunos no podían aceptar que entraran a formar parte del derecho de la Charca quienes no quisieran acatar la única norma que se había establecido y que consistía en tener que mojarse. Pero los neverwets no estaban dispuestos a ceder en su petición de disfrutar del mismo privilegio, sin que tuviesen que humedecer ni una patita.

Finalmente, el grupo gestor de los mal llamados subversivos desistió en su empeño de no dejarlos participar y, con el propósito de incluirlos, les dieron la posibilidad de que estableciesen ellos mismos, los neverwets, cómo introducirse en la charca sin mojarse.  Fue entontes cuando su representante, un mirlo común, explicó con detenimiento, parsimonia y con total desafección que habían diseñado unas bolsas de plástico especiales que les permitirían disfrutar del baño en las condiciones deseadas.

Todos los allí presentes estaban realmente confundidos. El grupo de los subversivos no terminaba de salir de su asombro al comprobar cuán alto era el interés de sus colegasneverwets por no mojarse.

Puño de Acero observaba diligente la situación y alentaron sus miembros a los neverwetspara que fuesen los primeros, y los únicos, que tuviesen el privilegio de bañarse en las aguas malolientes que ellos habían cultivado como premio a su servil comportamiento al no querer ensuciar su Charca con las impurezas de sus cuerpos.

Aunque los subversivos asintieron con la cabeza, no tenían realmente autoridad alguna sobre el uso de la Charca. Fue Puño de Acero quien permitió a los neverwets que tuviesen el primer y exclusivo baño en su balneario particular, irregularmente adquirido. Lo que nadie esperaba cuando se adentraron en la Charca dentro de aquellas bolsas es que éstos iban a cerrarlas hasta cubrirse la cabeza por completo, para evitar mojarse ni un solo pelo.

Tal era el miedo a mojarse y tantos los argumentos que ofrecieron para evitar la hidratación, que no cayeron en la cuenta de que necesitaban respirar. Así fue como losneverwets se ahogaron dentro de sus asépticos inventos de plástico, asegurando el asilamiento con la misma ridícula eficacia que provocaron su muerte.

DEFINICIÓN DE NEVERWETS: Los neverwets son pájaros de papel que pueden llegar a volar, menos cuando llueve, si los manipula una mano externa. Jamás logran cantar y es por ello que carecen de alma.

José Brito

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Categoría: Canarias, FIMC, José Brito, Música, Opinión

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