Memoria 2: “Machos y hembras: una crítica des-generada”

| 26/03/2013 | 0 Comentarios
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Foto de un hombre y una mujer sacándose una foto mutuamente
Mi intención con este texto es poner en evidencia algo que para mí, desde siempre, ha sido obvio en las relaciones entre hombres y mujeres, y que parece ser que después de miles de años de evolución seguimos todos jugando a la gallinita ciega con este asunto. Intentaré ser lo más clara y des-generada posible.

Para mí ha sido obvio, desde siempre (véase “siempre”, en este caso, como un término no espiritual) que antes de ser una mujer soy humana. OBVIO. También lo ha sido el hecho de que nada tiene que ver con el sexo (véase “sexo” como tetas, culo, chocho, polla), el dolor, la risa, la ilusión, la tristeza o un largo sin fin de emociones. Es decir, no por ser un hombre o una mujer dejo de sentir la infinita gama de pasiones humanas (otra cosa sería la cultura de represión, pero de momento no me interesa ese tema). También es obvio para mí la igualdad entre los géneros radica en su diferencia, porque somos diferentes y sin embargo exactamente iguales. He aquí un ejemplo de la abundante y maravillosa co-existencia de los opuestos en nuestro universo.

Intentaré ser más banal: No por tener tetas me gusta fregar y estoy segura de que a ti, por tener pelos en la cara, no te hace más feliz cambiar las bombillas. ¿Parece obvio verdad? Pues no lo es. En esta sociedad tergiversada por unos absurdos intereses (véase “absurdo” como sinónimo de “necio”, y “necio” como “pedir peras al olmo”) seguimos haciéndonos los tontos, jugando a un juego donde no gana nadie. Es cierto que, al fin y al cabo, todo en la vida -y disculpen mi rotundidad- tiene que ver con la conciencia de las cosas (véase conciencia como “visión” no como Antiguo Testamento) y dependiendo de ella uno se mueve de una manera u otra en el mundo. Sin embargo, y esto también es obvio para mi, todos sabemos lo que hay con respecto a este tema, otra cosa es que nos cueste liberarnos de la herencia cultural y las heridas emocionales de la infancia. Y es aquí donde la cosa se pone más borrosa en nuestro cotidiano juego de sexos: La descarada irresponsabilidad (véase “responsabilidad” como reflejo de crecimiento: yo escucho quien soy y “respondo”). Pues bien, hablemos “en absurdo” para profundizar luego en el tema:

muñecos mujer y hombre“Una persona por tener menos masa muscular abandona el derecho a decidir qué ropa ponerse. Otra persona por tener en su voz más graves que agudos se niega el derecho a pintarse los labios. Una persona con falo, pene o verga decide menospreciar a otra por tener vagina, pipo o vulva. Y viceversa. Otra persona por ausencia de senos decide responsabilizarse de la vida del otro, por consiguiente la persona con senos permite la violación de sus deseos, ya que su pecho no es firme y no amanta. Una persona, no muy distinta a la primera, hace juegos malabares con cuchillos para alcanzar el corazón de quien ama. La otra, en memoria de madre/padre, abre el pecho con la seguridad de vivir más años. Una persona de la misma constitución que la tercera excluye a otra del placer de expresarse, ya que su elocuencia podría evidenciar su necedad, por consiguiente, esa otra persona acepta la sumisión pues su aparato reproductor no es un referente de marketing potencial… ¿Seguimos?

Miren, no niego que mi viaje a Latinoamérica esté poniendo en evidencia muchos aspectos poco placenteros de mi personalidad, lo digo conmigo misma, porque en realidad tampoco puedo decir que les esté dando el coñazo a ustedes (véase coñazo como un sexo femenino de grandes dimensiones). Pero sí puede parecer que textos cómo este o el que escribí sobre Perú y la supuesta cultura tercermundista, nazcan de un descontento con la sociedad del lugar, ¡y lo es!, pero no es mi objetivo criticarla a un nivel localista comparativa, sino todo lo contrario, mi intención es aprovechar lo que me genera, a veces, el estar aquí para poder abrir los ojos y gritar más fuerte lo que para mí, desde siempre, ha sido obvio en el lugar de donde vengo, y que además, comparte la raíz de mis dis-gustos.

En definitiva, y para cerrar este tema tan peliagudo (géneros), quiero decir que más que absurdo, injusto o cualquier término de guerra, a mí todo esto lo que me parece es triste, y es por una razón “obvia”: En esta sociedad hay dos tipos de seres humanos, los hombres y las mujeres. Si sólo coincidimos en evidenciar nuestras diferencias, lo primero que obtendremos es la división absoluta de la misma, es decir, el 50% de la sociedad estará en guerra con el otro 50%, ya que todo lo extraño y/o desconocido tiende a incluirse en el cajón del enemigo ¿Por qué? Pues muy simple, por miedo. Y es aquí donde retomo y concluyo con el tema de la irresponsabilidad: Si no me hago yo responsable de mi miedo ¿quién lo hará?… ¿Mamá? ¿Papá? … ¡Qué descaro!

Foto de ralphbijkerhttp://www.flickr.com/photos/17258892@N05/2588342742/

http://bibianamonje.wordpress.com/

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Categoría: Bibiana Monje, Internacional, Literatura

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