Memento mori

Los caminos de la mente son inescrutables. Sus sendas son frecuentemente desconocidas incluso para los propios dueños de las mismas. Existen vericuetos solo visibles tras una larga meditación o entrenamiento cuya explicitación no siempre es agradable. La obra de Loli Íñiguez expuesta en el Centro de Arte La Recova bajo el título Los recuerdos me miran refieren este proceso introspectivo con piezas que van desde el año 1991 hasta época actual. En ellas, sus preocupaciones van mutando, siempre preservando un sustrato primigenio, que no es otro que el deseo de hallar sentido a una existencia –la humana– que desde el primer minuto está condenada a la pérdida.

Memento mori

Sueño que estoy despierta, 1996.

Esta indagación no tiene, como es lógico, ningún canon establecido más allá de un primigenio estudio del inconsciente. Íñiguez lo refleja en las primeras piezas de la muestra –todas de gran formato, bajo una luz tenue– mediante el encuentro celular y animal. El lienzo aparece emoborronado en El centro del Laberinto, se produce la contraposición de lo geométrico y lo liberado en Unión de opuestos e incluso existe una exploración del femenino cultual y corporal en Desde el espejo. En esta fase la obra susurra y se esconde detrás de las columnas bajo el morbo de un mal sueño o una pesadilla. Todo ello culmina en una majestuosa calavera reflejada en Sueño que estoy despierta, donde a pesar de que la mente parece haber encontrado un terreno abonado para abandonarse a lo irracional los ojos del cráneo desnudo, que deben estar abiertos, se encuentran vedados, frenando la aparente libertad inicial.

Las preocupaciones de la pintora se trasladan con el paso de los años al sustento vital y a la figura humana. Esta se muestra completamente desvalida en Amador, aludiendo a un tipo de sentimiento aislado de cualquier influencia externa. Su quehacer avanza en complejidad hacia los lazos afectivos mostrados en Impronta familiar y a las inquietudes que generan, expresadas en el aura etérea que rodea a los personajes.

La obra seleccionada encuentra una adecuada síntesis en la última pieza de la muestra. Desde el otro lado describe una visión inversa del globo ocular: el infinito natural se muestra en lugar de la pupila y el iris. Se hace patente el deseo quimérico de la artista de aprehender lo intangible.

Por norma general, el discurso comisarial va guiando al espectador por temáticas y cronologías. Esto no impide la percepción de una clara contraposición entre dos etapas artísticas de Íñiguez en las que el factor figurativo va ganando peso. No hay que dejarse engañar por estos referentes sino prestar atención a las indagaciones abstractas, la verdadera piedra de toque de su obra.

Kumar Kishinchand López

 

Los recuerdos me miran. Loli Íñiguez

Comisario: Jordi Solsona.

Centro de Arte La Recova. Santa Cruz de Tenerife. Hasta el 30 de septiembre.

 

 

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Categoría: Artes Visuales, Espacios Culturales, Kumar Kishinchand López, Opinión, Tenerife

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