Los discos publicados en 1979

1979

Teclados FritosTECLADOS FRITOS
José Ma Suárez-bajo/voz. Emilio Molina – batería. Jaime Llorca- teclados / guitarra. Manolo Benítez – guitarra. Edita Movieplay. Grabado en Sonoland – Madrid. Producción artística Gustavo Ramudo.

Se está preparando la representación de la obra Jesucristo Superstar y se buscan músicos. Como ocurriera con El Eructo, Jaime, Manolo, Emilio y José María están entre ellos. Aunque ya se conocían del mundillo rockero en Gran Canaria, este fue el punto de partida del grupo. El gran Manolo Benítez era el único que tenía experiencia discográfica, ya que 9 años antes había grabado un EP con el grupo Los Cosmos, pero Teclados era lo primero que se podía considerar “serio”.

Teclados Fritos eran una banda de rock sinfónico de Las Palmas también formada en el 76, cuya puesta en escena no tenía parangón en nuestro territorio. Su look, claramente influenciado por el glam-rock, y sus referencias musicales (Genesis o Yes) los convierten en únicos en el panorama musical. Movieplay los ficha y van a Madrid a grabar lo que será su primer disco. Allí les obligan a cambiar sus letras al español y su productor no sabe imprimir el sonido de la banda, quedando un trabajo del que no acaban satisfechos. Aun así, el tema “Max Boy” se convierte en un hit a nivel regional y el grupo sigue adelante tras conseguir la carta de libertad de la discográfica.

Canarias 6000 w Rock entrada

 

Al otro lado de la puerta de hierro

Mario Alonso y Alejandro Ramos. Rock in the City, Berlín 2009

Mario Alonso y Alejandro Ramos. Rock in the City, Berlín 2009

Hace unos meses, leyendo el libro que Chema Suárez escribió sobre su banda -Teclados Fritos. Aventuras y desventuras de una banda de rock’n’roll- tuve una regresión, un viaje al pasado. En esa especie de transportación virtual, me vi en el verano de 1979, en el patio del Colegio Salesianos, junto a Miguelo, uno de mis colegas del barrio. Con apenas 14 años cumplidos, sin entrada, barbilampiños y fuera de lugar, nos situamos delante de una gran puerta metálica cerrada. Al otro lado se celebraba un concierto de rock al que habíamos llegado movidos por la curiosidad y del que tuvimos noticia gracias al boca a boca, que era como funcionaban aquellas cosas en los 70. El concierto suponía la despedida de Teclados Fritos, que perseguía su sueño, la gran aventura del rock. Su decisión de establecerse en Madrid había trascendido de tal manera que aquella heroicidad merecía un concierto como dios manda, con la presencia de los mejores grupos locales del momento.

Por aquel entonces, tanto Miguelo como yo escuchábamos la misma música, la que nos habían enseñado nuestros hermanos mayores: Pink Floyd, Beatles, Bob Marley, Yes, Led Zeppelin, Frank Zappa… En Canarias no había ninguna posibilidad de grabar un disco, de hecho, la industria discográfica española estaba en pañales (y así sigue 30 años después). La única posiblidad de escuchar las canciones de los grupos locales era acudiendo a sus conciertos, algo vetado para dos adolescentes sin un duro en el bolsillo. Aquella noche desafíamos la autoridad paterna, la sequía de los bolsillos y las barreras cronológicas, y nos fuimos a nuestro primer concierto de rock.

Se puede decir que a pesar de nuestra juventud, nos manteníamos al día gracias a revistas como Popular 1 y Vibraciones, y soñábamos con ver algún día a aquellos grandes grupos de los que hablaban. Las imágenes de festivales como el Reading no hacían más que despertar un mayor interés por los conciertos de rock. En aquellos tiempos, un billete de avión costaba un huevo, así que lo más parecido a aquello que se podía ver lo teníamos al otro lado de la gran puerta de hierro del patio de los Salesianos. De repente, una avalancha provocó un hueco por el pasamos a base de empujones y pisotones. Al otro lado del muro, en aquel recinto lleno de humo y de gente con el pelo largo, me imaginé la campiña inglesa y un gran escenario, en el que un grupo local, United, interpretaba temas de Kansas, Steely Dan, The Kinks, Cream (¿cómo olvidar aquella versión del Sleepy Time Time que un buen día encontré en el disco Live 2?)… Luego se subieron Teclados Fritos -que se despedían de los escenarios locales para probar suerte en Madrid- y creo recordar también a El Eructo del Bisonte. Aquel fue mi particular Woodstock, mi bautismo rockero. Al otro lado de aquella puerta de hierro encontré lo que siempre había soñado. Fue el principio de muchos conciertos, y el que me enseñó a respetar a los músicos locales, con los que me siento en deuda. Independientemente de estilos o gustos, mi pasión por la música me llevó a seguir por toda la geografía insular las andanzas de Prana, Krull, Altane, Los Dalton, Vicious Soul, Imagen Sagrada, Psicosis Crítica, Moral Femenina (aún guardo como oro en paño su EP), Ataúd Vacante, Los Coquillos (desde sus primeros conciertos en el Cuasquías de la calle Venegas)… Ellos hicieron el camino por el que hoy transitan tantas buenas bandas. A ellas se lo debemos.

Mario Alonso Fernández

 

Queridísimo y joven amigo:

José María Suárez antes de salir a escena

José María Suárez antes de salir a escena

Sobre tus inquietudes profesionales respecto a la música, en tu caso el Rock & Roll, no me atrevo a aconsejarte ni creo que deba, pues son decisiones que debe tomar cada cual sin influencias externas. Salvo, por supuesto, la información fiable que puedas recabar. A este respecto si puedo aportarte algunas certezas que te aseguro prevalecerán por más que cambien los tiempos.

Ten presente que el rock & roll es mucho más que música. Es una manera de vivir. Como el surf: absorbe todos los por qués, cuándos, paras y dóndes de la existencia del devoto practicante.

Si te casas con él, comprobarás que guarda ciertos paralelismos con una mujer. Los comienzos siempre exultantes: entrega absoluta, desmesurada pasión, grandes risas noche y día, enervantes defectos y manías que se obvian cariñosamente (el viciado medio del R&R) y desde luego…marcha, mucha marcha. No obstante hay que matizar que, con la música, esta primera etapa suele resultar pero que muchísimo más prolongada.

Ten por seguro que R&R te proporcionará el mejor momento de tu vida. Y el peor. Ambos sobre un escenario. Si eres muy cohibido puede que el mejor sea en un estudio de grabación. El peor te aseguro que será sobre un escenario.

La esposa te dará buenos momentos, sin duda, pero… no es lo mismo. (Aunque, por lo visto, los malos sí pueden llegar a ser tremendamente malos).

R&R te hará recorrer la ciudad de punta a punta, henchido de optimismo, intentando colocar tu genial creación al ejecutivo de turno. Habrás de llamarlo la próxima semana y cuando lo intentes te dirán que está reunido. Incluso “muy reunido” como aconteció a mi amigo Luis Piqueras que osó preguntar. No importa. Hay otras mil posibilidades. La mayor virtud de R&R es su sorprendente capacidad para renovar la ilusión tras los fracasos; años y años de intensa relación, y cada nuevo proyecto o cada nueva composición, es capaz de regenerar la ilusión en toda su intensidad. Exactamente igual que al principio. Esto con la mujer…

En cuanto a movimiento… ni te digo. Con R&R se viaja mucho. Y si estupendo puede ser viajar con la esposa, hacerlo con grupo de amigos y divertidas amigas en confortable y amplio vehículo camino del paraíso (escenario), con variada y abundante intendencia y encima cobrando…, no tiene parangón.

Ahora bien; ya que sale a relucir el vil metal, tan prosaico como imprescindible, ten en cuenta que R&R es caprichosa y derrochadora, y a muy pocos de sus incontables amantes concede fortuna. Es en este aspecto, en el que la idea de desposar un sólido funcionariado, adquiere matices vistosos. Aunque esto solo se puede vislumbrar desde oteros que superen los cuarenta, y el que lo hace antes no tiene corazón. Y un artista sin corazón…

Sin más que esperar haber arrojado algo de luz sobre tu vital encrucijada, se despide afectuoso:

Suárez D.C.

P/D: En cualquier caso, ni se te ocurra tener hijos.

 

 

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Categoría: Alejandro Ramos, Canarias, La Discografía Canaria del Siglo XX, Música, Opinión

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