Apolíneo /dionisíaco

La importancia de Néstor Martín Fernández de la Torre para la historiografía del arte canaria hace tiempo que es incuestionable. El grancanario se sitúa dentro de un selecto panteón de creadores depositarios de numerosas influencias derivadas de una formación amplia y excelsa. Esto le permite perpetuar el simbolismo europeo del s.XIX en la España de las primeras décadas del XX junto con Julio Romero de Torres.

La exposición La fuerza y el reposo queda lejos de presentar una visión completa de su complejo quehacer, pero sí proporciona ciertas pinceladas que permiten revisitar facetas del creador grancanario y descubrir otras no tan comunes.

Con todo, debe tenerse en cuenta que la obra de Néstor se orienta hacia el dandismo y la androginia. No en vano, sus anatomías obedecen a una suerte de canon propio que refleja tanto una musculatura miguelangelesca muy poderosa como puede verse en los cuatro dibujos preparatorios presentes del Poema de la Tierra, como una sensualidad pícara en su Sátiro.

Los cuerpos de Néstor tienden naturalmente a encontrarse violentamente en el espacio, para ser posteriormente arropados. Es el caso de las versiones finales de sus Poemas. Ello, lejos de sumirlos en una confusión, ahonda en una filosofía hedonista que conecta con la postura de las ya célebres Bodas del príncipe Néstor. Existe, por tanto, una doble visión apolíneo-dionisiaca que va ejerciendo de constante contrapunto en su pintura. Esta puede apreciarse en las Aguadoras de Arguineguín, dos figuras femeninas que conservan ciertos preceptos indigenistas y que sin embargo remiten a la universalidad de un modelo clásico, a la vez que a la aridez del paisaje de las islas orientales.

Dentro de las piezas menos usuales de la obra de Néstor encontramos La Degollada, el retrato de una dama que soñó que la degollaban y cuyo ensimismamiento se expresa en una faz ubicada entre los dos mundos, o Visiones sobre Gran Canaria, donde Néstor se adentra en una concepción arquitectónica que será retomada años después por el propio César Manrique: encalados que remiten a la arquitectura africana y del Egeo. Puede apreciarse también el interés de Néstor por los encajes y los brocados en la Maja y su peculiar manera de ejecutar un retrato de canon libre en La Dama del collar, donde el cuello de la retratada se estira al modo de un modigliani.

Un discurso comisarial sencillo y cronológico permite al espectador tomar una serie de apuntes muy válidos para ahondar en Néstor. Sin lugar a dudas, el principal valor de La Fuerza y el reposo es la cantidad de obra particular reunida y la riqueza complementaria que esta posee dentro de la trayectoria del artista.

Apolineo

Néstor Martín Fernández de la Torre. La Degollada, 1911-12.

 

Néstor Martín Fernández de la Torre. La Fuerza y el Reposo.

Fundación Cristino de Vera. C/San Agustín, 18. La Laguna.

Comisaria: Clara Armas

Hasta el 31 de enero

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Categoría: Artes Visuales, Espacios Culturales, Kumar Kishinchand López, Opinión, Tenerife

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