Carolina Rueda imparte en la Biblioteca Insular un taller sobre el arte oral de contar historias

La narradora colombiana Carolina Rueda impartirá en la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria (calle Remedios, 7), del 25 al 27 de abril, el curso-taller modular denominado ‘Voces y palabras’, en el que avanzará algunas de las claves y herramientas que se precisan para dedicarse al arte oral de contar historias con el único recurso del lenguaje.

Carolina Rueda imparte en la Biblioteca Insular un taller sobre el arte oral de contar historias

Con casi 20 años de experiencia, el trabajo de Rueda ha sido catalogado como de primera línea en los distintos países de Iberoamérica en los que ha desarrollado su arte como cuentista. Le gusta definirse como cuentera, que igual es útil como actriz que como probadora de sillas o gourmet de pastelería, aunque se confiesa,  sobre todo, pasajera de todo tipo de vehículos motores y mecánicos por los ríos del mundo. “Lo de mi apellido parece más una broma del destino”, señala la colombiana, que reside en Colombia y ha participado en varias ocasiones en el Festival de Narración Oral de Agüimes y en el que tiene lugar en Los Silos, en la isla de Tenerife, así como asidua de distintas actividades impulsadas por la Biblioteca Insular.

Carolina Rueda sostiene que los intereses de los cuentacuentos en Hispanoamérica “se fundamentan aún en muchos de los ingredientes populares de la tradición oral y una relación con el público más cercana e informal, mientras que en Europa primaría más la dimensión escénica y la educativa en los profesionales que se dedican a la narración. De cualquier manera, los repertorios se replican porque los cuentos han viajado a través de las culturas y el mestizaje. La mezcla siempre es rica y todos somos mestizos, aunque seamos mestizos de distintas culturas”, señala esta autora que ha trabajado con materiales de Ray Bradbury, Roberto Fontanarrosa, García Márquez, Calvino o Patricia Mix, entre otros.

Carolina Rueda reflexionará en el taller que impartirá en la Biblioteca Insular sobre el arte de narrar historias, que resulta una exploración en aspectos del arte teatral: “por un lado la  voluntad dramática del que narra y, por otro, la creación de un escenario en espacios no convencionales; el lugar desde donde se quiere hablar, mirar, construir los hilos que  articularán la trama de la historia y  así mismo, el carácter escénico del espacio vacío como un acercamiento al universo teatral de los escenarios físicos e imaginarios a los que se debe  enfrentar y donde debe construir un artista de la escena”.

“Con ejercicios prácticos y reflexiones, aclararé preguntas fundamentales: en primer lugar, encontrar el qué y para qué se quiere narrar, y en segundo,  facilitar caminos de trabajo a los que nos invita la historia  para cumplir con esa búsqueda”. En el programa del taller figuran contenidos como la memoria y la emoción, la sugerencia y la representación, la improvisación o la composición narrativa.

A la narradora colombiana le perece que vivir es contar, ir contándonos historias. La más modesta acción cotidiana, no digamos si crucial, supone imaginar una narración en que nos corresponde el papel de protagonistas, ponerla a prueba frente a los condicionamientos de las circunstancias, para volvérnosla luego a contar dentro de una trama más compleja. Por ello, sus historias están construidas con depósitos de esos momentos e inquietudes vitales que van jalonando su existencia. “En algún momento me ha interesado el recurso del silencio, la muerte, la soledad… Más que respuestas son preguntas que a una la asaltan como artista y luego puede contar en forma de historias que me ayudan a entender esos temas”, explica Rueda.

La colombiana cree que “las palabras nos salvan de todo, sobre todo de la sensación de desamparo. La palabra es la herramienta principal del hombre para generar la compañía. El gesto de un abrazo sólo es equiparable a una palabra que te ampare”, sostiene. Con verbo hipnótico, Rueda dice que los cuentos nos llevan a los confines del universo y al sur del sur, un lugar en el que a nadie que llegue le gusta que le pregunten de dónde procede. Y te hablan de hombres que cabalgan llevando en la grupa su propio fracaso. Y de imperfectos atracos en suculentas pastelerías.

“La idea es transportarte en un viaje que te lleve a otro mundo, a otra época, a otro tiempo, pero no como una evasión, sino como una manera de ver la realidad, que es para lo que se usan los cuentos”, dice la narradora. “A veces la realidad es muy brusca de frente, pero el cuento te ayuda a ver las cosas que te pasan por dentro y que en el cuento se expresan en las imágenes de la historia”, apunta.

¿Qué tiene esto del cuentacuentos que ver con el monólogo, el stand up comedy, que desde hace algunos años goza de tan buena salud en España? “Ambos son artes de la palabra”, explica Rueda, “hay quien dice que el narrador es el cronista de la historia, que te la cuenta de manera tendenciosa, claro, y el monologuista se asemeja al editorialista, que no cuenta una historia, sino analiza hechos que ya todos conocemos”, concluye Rueda.

 

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