Román Morales: “Los sueños son el combustible del viaje”

El escritor y viajero tinerfeño presenta su libro ‘Caminos de agua’ con el periodista Eduardo García Rojas en el Festival Periplo

Román Morales nació viajero. Desde los primeros años de su adolescencia, “los pateos por Anaga, por Teno”, en Tenerife, le hicieron ver que el mundo se ofrece con más facilidad cuanto menos se ata uno a las circunstancias que parecen inventadas para retener a la gente en sus casas.

Caminos de agua y Pateando el sur son los dos libros que ha escrito sobre sus viajes, recorridos tan intensos como los 10.500 kilómetros de remo en los que enlazó toda la hidrografía de Sudamérica a través de las cuencas del río de La Plata, Amazonas y Orinoco en una experiencia deportiva y cultural que lo atrapó durante dos años, o los 11.000 kilómetros que recorrió a pie para atravesar la cordillera andina, que vertebra toda la geografía continental sudamericana.

Roman Morales

La que ha sido la primera travesía integral sudamericana en kayak es la inspiradora de Caminos de agua, que presenta este miércoles, 17 de septiembre, a las 19.00 horas, con el periodista Eduardo García Rojas en el patio del Museo Arqueológico de Puerto de la Cruz en la sección Tan lejos, tan cerca del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras, Periplo.

Decir “primera travesía integral en kayak y primera travesía integral a pie” en un continente grandioso como Sudamérica hace pensar en que Román Morales se prepara físicamente a conciencia, para que su cuerpo esté preparado para aguantar el esfuerzo al que se somete durante los años que dura su viaje. Pero Morales lo desmiente enseguida: “puede aparentar que el viaje no está al alcance de cualquiera, pero el combustible es el sueño: los grandes ecosistemas, los biomas, la grandeza humana, la historia de los países, la comunidad con los pueblos… si la mejor patria que tiene uno es la intemperie y el hotel es de mil estrellas…si todo eso forma parte de tu sangre, eso es lo más importante”. De resto, solo cuenta que el cuerpo esté sano y que se vaya curtiendo a medida que avanza en el camino.

El tinerfeño se propuso desde muy joven “ser caminante, nómada, que el camino hable y me cuente cosas” y así son sus travesías: grandes rutas en solitario en las que la gente y sus formas de vida le salen al camino, junto a los paisajes que se van ofreciendo como escenario. vas encontrando. Si alguien puede tener un alma parecida a la mía… ej gusto de seguir viviendo cosas hermosas…

Ni esfuerzo físico ni dinero: “yo viajo por cuatro duros”, dice, lo que requieren los viajes que él hace es tiempo. Para Morales, en realidad, estas andanzas que le otorgan fama de viajero y que le han permitido escribir dos libros no son un viaje: “son grandes fragmentos de tiempo que uno arranca en la vida” y tener la capacidad de vivir con lo esencial: “las cositas de siempre han estado conmigo. Uno conquistó una parcelita de felicidad que siempre me ha acompañado: el mar, la montaña, la bicicleta, el pateo…”.

Hay que tener capacidad para soportar la soledad, que hay mucha, pero “en mis viajes he ido de familia en familia, he dormido con miles de ellas y hay una aprendizaje que no va a la ilustración intelectual, sino a todo lo contrario: el ser humano simple, con lpa reocupación de comer ese día y que tienen una claridad existencial bastante sencilla, mejor que la de la complejidad de nuestra sociedad”.

La ruptura es inevitable: “siempre hay una ruptura con una vida sedentaria y con lo que se le exige al hombre contemporáneo, que muchas veces tiene que renunciar a sus grandes corazonadas, porque toca casarse, hipoteca, formar una familia… Esto lo anticipa uno con una especie de revelación con 14 o 15 años, cuando estás pensando en qué va a ser de tu vida”, cuenta, al mismo tiempo que reconoce que. “no me duele decir que en todos los viajes hay una especie de huida hacia un mundo en el que te puedes sentir más cómodo y en el que puedes aprender muchas cosas. Hay un proceso de aprendizaje muy fuerte, más bien de deconstrucción: las cosas pueden ser más simples, más hermosas, más germinativas”. Igualmente, asegura que “tampoco entiendo que el viaje sea una panacea” y hace suya la frase de Buñuel “uno vive dentro de sí mismo. Los viajes no existen”, que cita en las primeras páginas del libro que presenta en Periplo.

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